El maridaje consiste en encontrar la perfecta armonía entre un plato y un vino. Pero aunque el nombre indique “matrimonio”, este no tiene porqué durar para siempre, sino que puede ir variando y encontrando otras alternativas ya que los platos y los vinos son plurales.

José Peñín, escritor de vinos de gran prestigio internacional, cuenta así cómo decide él el maridaje en cada ocasión: “Cuando voy a un restaurante pido el plato y el vino que más me apetece sin tener en cuenta si armoniza(…) Si por el contrario, tengo curiosidad por un plato, intentaré pedir un vino que no altere o enmascare la creatividad culinaria del menú. A fin de cuentas, de lo que se trata es de buscar el placer sensorial”.

Nos encanta disfrutar de la gastronomía, pero a veces es complicado saber qué vino elegir para depende qué plato. Por eso, porque queremos que disfrutes del vino en cada ocasión, te presentamos unos consejos básicos para el maridaje de vinos. Recuerda que lo más importante siempre es disfrutar del momento y hacerlo especial.

 

Diferencia los sabores: es importante saber que la percepción del sabor se divide en cuatro elementos esenciales: amargo, ácido, dulce y salado. El vino contiene estos cuatro elementos, que afectarán de una manera u otra a la comida que estemos degustando y por eso se han de tener en cuenta para que el maridaje sea armónico.

  • Dulce: es el primero que se percibe y llega directo a la punta de la lengua. Todos los vinos tienen algún grado de dulzor, por que el azúcar es un elemento presente en la uva y en la vinificación. Cuanto menos dulce sea un vino, más seco será. Aunque no te sientas atraído por los vinos dulce, tomando un sorbo de estos vinos antes de un postre, transformarás completamente los sabores de ambos elementos.
  • Salado: este sabor se perciben en la parte central y media de la lengua. Está presente en el vino, pero es casi imperceptible. Si en tus comidas deseas reducir la sensación de salado, debes utilizar vinos ácidos. Debes tener también en cuenta que la sal, pronuncia el sabor de los taninos y del alcohol.
  • Ácido: se percibe en los costados de la lengua y es muy fácil de identificar y da sensación de frescura. Un vino con buena acidez, resalta los sabores de las comidas. Si un vino presenta toques ácidos, potenciará el gusto de algunos alimentos como el tomate y el limón, además disminuye la sensación oleosa de las cremas y quesos. ¿Piensas que el plato que preparaste necesita más ácido? Sirve un vino ácido para incrementar el sabor.
  • Amargo: se siente al interior de lengua, casi al final. El vino tinto, presenta esta característica principalmente por los taninos que posee. Estos elementos se llevan bien con los sabores fuertes de la carne asada o los sabores ahumados. Recuerda que la grasa suaviza los taninos y los equilibra.

 

Sirve los vinos ligeros antes que los generosos: Es una de las reglas básicas del maridaje, servir los vinos ligeros antes que los más pesados, con más taninos. Comienza con los vinos blancos, continúa con los tintos de menor crianza, para terminar con reservas y grandes reservas.

Degusta cocina regional y vinos de la tierra: ¿Qué mejor manera de disfrutar de la gastronomía que con platos y vinos de la tierra? El suelo aportará valores singulares a la uva y comida de cada región, por lo que disfrutarlos juntos es una gran oportunidad. Al planear un viaje, revisa con anterioridad las comidas típicas de la zona y déjate aconsejar por los locales.

Descubre las sensaciones de tu boca: Cada persona se siente atraída por unos sabores u otros. Hay paladares que disfrutan más de vinos ligeros, dulces y con menos cuerpo, mientras otras prefieren los vinos más corpulentos. Las papilas gustativas de cada persona varían su disposición, por ello cada una percibirá la comida y bebida de manera diferente. Aunque te hayan recomendado un vino y una comida, lo más importante es que tú disfrutes.

Disfruta: Lo más importante, encuentra un vino de disfrutes bebiendo. No le des importancia a cómo lo clasificaron las revistas o cuantos premios obtuvo, lo más importante es lo ese vino te transmite a ti. No tengas miedo a emparejar un vino blanco con carne o un vino tinto con pescado, dependiendo el tipo de cada uno de ellos harán un maridaje perfecto. Atrévete a probar maridajes nuevos.