Historias de viña y vino de Ollauri

Aunque no se convirtió en una villa independiente hasta 1712, el vino y la vid siempre han tenido un peso dominante en la economía de Ollauri, el municipio de La Rioja en el que se erige Bodegas Beronia. Hemos consultado un libro que bucea en la historia del municipio para conocer algunos interesantes datos del pasado.

La obra en cuestión se llama Ollauri. Aproximación a su geografía e historia y está firmada por José Luis Arce y Luis Javier Mahave. En ella se describe cómo ya en el siglo XVIII, la vid era el principal cultivo del municipio,con la ventaja de que daba cosecha todos los años y no era necesario dejar el terreno en barbecho como ocurría en muchos terrenos con el cereal.

No obstante, la viña se plantaba en los suelos más pobres por lo que los rendimientos eran bastante bajos. De ahí que la única forma de ampliar la cosecha fuera mediante “la conversión de los terrenos improductivos o de poca utilidad en plantíos de vid”, según se puede leer en el trabajo de Arce y Mahave.

Difícil conservación del vino

La obra relata también los desequilibrios que suponían tanto una cosecha escasa como una muy abundante. Si en el primer caso el encarecimiento del vino daba paso a la especulación, en una situación de abundancia el principal problema era la imposibilidad de esperar a que se recuperaran los precios debido a las dificultades de conservación del vino y a la inexistencia de una red de comunicaciones que permitiera una salida rápida hacia otros mercados.

“En 1752 -se relata- no constan arrieros ni carreteros avecindados en Ollauri”, pero sí se indica la presencia de un odrero llamado Bentura Egido que “fabrica odres o pellejos destinados al traslado al por mayor de líquidos aprovechando el ganado caprino y ovino”, y trabaja además  como mesonero.

Un sector muy regulado

Casi un siglo después, en las ordenanzas municipales de 1866 se castigaba con multa de dos a 20 reales al “que en cualquier época del año recorra las heredades agenas en busca de sarmientos” y al “que despuntare los bástagos tiernos de la vid sin causar ningún otro daño”. Y con multa de cuatro a 12 reales a “el que cogiere uvas de viña agena no escediendo de tres” (pasando ese número entraba en acción el Código penal). Se eximía no obstante a los jornaleros dedicados a la poda, que sí podían llevarse una gavilla de sarmientos a su casa.

También se regulaba estrictamente las prácticas durante la vendimia y los tiempos de recogida y entrada de uva en el pueblo que debían realizarse siempre entre dos toques de campana: uno al alba y otro “al entrar la noche”.

La elaboración era muy sencilla, la uva se pisaba en grandes tinos y tras la fermentación se prensaba y se pasaba el mosto a cubas. El libro cita el coste y la vida útil de las prensas (1.500 pesetas y duran 26 años) y las cubas, que costaban 300 pesetas y duraban 40 años.

Las dos caras de la filoxera

En 1880 se exportó a Francia vino de Ollauri y de sus pueblos limítrofes por valor de 144.000 pesetas. La filoxera, el insecto que asoló el viñedo mundial a finales del XIX, trajo primero la abundancia a tierras riojanas cuando los franceses tuvieron que buscar vinos fuera de sus fronteras para contrarrestar sus pérdidas; luego acabaría atacando también sus viñas. De acuerdo con lo previsto en la Ley de defensa contra la filoxera, en 1897 el ayuntamiento de Ollauri constituyó su propia Comisión municipal formada por siete personas de la villa encabezadas por su alcalde.

Probablemente, el paisaje es lo que menos ha cambiado en Ollauri desde esa época hasta nuestros días, ya que la viña sigue siendo su principal fuente de riqueza.

Los procesos de elaboración, por el contrario, se han refinado notablemente gracias a la entrada de la tecnología. Y, ciertamente, hoy en día se vería muy raro esperar a un toque de campana para lanzarse a vendimiar.